57. El fantasma, su estructura

Hoy vamos a hablar de la estructura simbólico-imaginaria del fantasma para ubicar sus tiempos de constitución y cómo se presenta en la cura.

Transcripción

El deseo, desde su origen, se manifiesta en el intervalo, en esa hiancia que separa la articulación de la palabra. Ante la presencia primitiva del deseo del Otro, opaco, oscuro, el sujeto está sin recursos, está indefenso.

La presencia primitiva del deseo del Otro es el fundamento de lo que el análisis ha situado como una “experiencia traumática”. En el Seminario “El deseo y su interpretación”, del año 1958-59, Lacan dice: “El sujeto se defiende de su desamparo y, con ese medio que le brinda la experiencia imaginaria de la relación con el otro, construye algo que, a diferencia de la experiencia especular, es flexible con el otro.”

El fantasma es articulable entre el sujeto como hablante al otro imaginario, o sea que el fantasma es una estructura imaginario-simbólica.

“La función del fantasma es dar al deseo del sujeto su nivel de acomodación, de situación. Por eso el deseo humano tiene esa propiedad de estar fijado, adaptado, asociado, no a un objeto, sino siempre esencialmente a un fantasma”.

El deseo es siempre deseo de otra cosa, y la situación del deseo está marcada, unida a una cierta relación del sujeto al significante.

En el acto de hablar, Freud nos dice que el sujeto no sabe lo que dice en eso que habla.

El sujeto va más lejos que su palabra: su vida en tanto tal, todas sus acciones, son simbólicas, están sujetas a inscripción.

A nivel del acto de la palabra, el código está dado por algo que no es la demanda primitiva, sino una cierta relación del sujeto a esa demanda: el sujeto ha quedado marcado por sus avatares, sus formas orales y anales de la articulación inconsciente.

La situación del sujeto a nivel inconsciente es que no sabe con qué habla. No sabe el mensaje que le llega de la respuesta a su demanda. La respuesta es un significante, es el falo, un significante privilegiado, el significante de la falta. El deseo es falta.

Si el deseo de la madre es el falo, el niño quiere ser el falo para satisfacerla, para completarla.

Ubicar la estructura del deseo y la demanda, situar la posición del deseo, sólo es posible por la operatoria con el significante.

La clave es la relación del sujeto al significante para operar en la clínica.

Lacan nos muestra la noción del deseo, indicando que éste aparece en un cierto número de relaciones, coordenadas que —nos dice— son siempre las mismas, que es interesante reconocerlas ya que, al no hacerlo, el pensamiento se desliza siempre, se aferra a coordenadas mal definidas, y esto trae inconvenientes al analista en su interpretación.

Lacan toma el texto freudiano “Pegan a un niño” de 1919, para mostrarnos con los pasos de esta fantasía la estructura del fantasma, fantasma que se trata de una frase. 

En el texto freudiano, la representación-fantasía “Pegan a un niño” suele aparecer en pacientes neuróticos (histeria o neurosis obsesiva).

Es una frase descolgada en relación a lo trabajado en el análisis, esa fantasía es portadora de una excitación intensa, sexual y, como tal, procura una satisfacción onanista, masturbatoria. La frase descolgada es “Se pega a un niño”.

Es imprecisa, y el paciente no puede decir más nada, llegan a confesar esta fantasía con titubeos, aparece vergüenza y culpa más que en otras confesiones que pueda hacer el paciente sobre su vida sexual infantil.

Las primeras fantasías de este contenido (de flagelación) aparecen antes de la edad escolar primaria.

Un punto es importante: el fantaseador no debe haber sufrido maltrato durante su infancia, nunca sucedió. Si hubo maltrato en la infancia, no se arma este fantasma.

“Pegan a un niño” es una fantasía en relación a un lugar de sometimiento, no es interpretable y se construye en la singularidad de cada  cura.

Freud quiso averiguar mucho más sobre estas fantasías tempranas.

Las fantasías de paliza tienen una historia que no es simple, se constituye finalmente al cierre del Edipo, antes de la latencia. 

En los tiempos de constitución se dan cambios en relación a quién es el que pega, quién o quiénes son los pegados y si el placer era sádico o masoquista.

El trabajo freudiano es una indagación clínica sobre el conocimiento de la perversión. Comienza su artículo diciendo que la representación-fantasía “Pegan a un niño” es confesada con frecuencia en pacientes neuróticos. 

Ubica el origen de estas fantasías a una edad anterior al ingreso escolar. Describe tres momentos en la constitución de la fantasía que se da entre los dos a los cuatro o cinco años. A esta fantasía se anudan sentimientos placenteros que brindan satisfacción onanista.

Cuando el niño ve en la escuela cómo otros niños son azotados, estas vivencias convocan aquellas fantasías.

Para ver las tres fases de construcción de la fantasía los convoco a leer el texto de  Freud. Su título completo es “Pegan a un niño, contribución al estudio de las perversiones sexuales”. Es en ese punto justamente que Lacan lo incluye en el Seminario “La relación de objeto”, junto con el caso de “La joven homosexual”.

Este fantasma ha sido sustituido por una serie de transformaciones por otros fantasmas que van acompañando la estructura subjetiva.

Freud ubica tres etapas que se van abriendo en el trabajo analítico.

El primer fantasma que se encuentra: “Mi padre pega a un niño que es el niño que yo odio”. Este fantasma se puede vincular al tiempo de nacimiento de un hermano o hermana, de un rival, tanto por los cuidados que recibe como lo que frustra al niño del amor de los padres. Se trata aquí del padre. 

La situación fantasmática tiene la complejidad de tener tres personajes: el agente de castigo, el que lo sufre y el sujeto.

El que lo sufre es un niño odiado por el sujeto y a quien ve caído de la preferencia paterna, y él se siente privilegiado de que el otro haya perdido la preferencia. El sujeto está presente en la situación como quien debe presenciar lo que ocurre, por el privilegio de la preferencia, la prelación (orden de prioridad).

Hay una noción de miedo, de anticipación, de tensión hacia adelante, introducida como un motor en el interior de la situación. Hay una comunicación de amor, su deseo de ser preferido o amado a expensas del otro.

Segunda etapa: esta etapa es reducida a dos personajes y produce el fantasma, “Mi padre me pega”.

Esta etapa es dual, y por lo tanto ambigua: en qué medida participa el sujeto en la acción de quien agrede y le golpea. Es la clásica ambigüedad sadomasoquista. 

Esta etapa es de reconstrucción en el análisis debido a su fugacidad.

En la tercera etapa, el sujeto se ve reducido a su punto más extremo bajo la forma de un puro y simple observador. La forma desubjetivada, el sujeto desaparecido, es el fantasma terminal “Pegan a un niño”.

Vemos así la constitución del fantasma como estructura.

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